Respiración y relajación

Es muy importante para aprender a relajarse el control de la respiración.
La respiración completa es la mejor herramienta a nuestro alcance para normalizar los estados de nerviosismo, irritabilidad y ansiedad provocados por factores externos. Así podemos disminuir la tensión muscular y la fatiga. Al no oxigenarnos suficiente, nuestro cuerpo demanda aire, y podemos sorprendernos suspirando o bostezando varias veces al día.
El trabajo respiratorio
 La respiración implica a todo el cuerpo y a todos los músculos, pero el diafragma es el músculo respiratorio más importante. Separa el tórax del abdomen y permite, a través de la respiración, la oxigenación de nuestro cuerpo. No poder verlo ni tocarlo directamente, hace. que nos olvidemos de su capacidad de movimiento y no lo hagamos trabajar de forma completa.
Al inspirar se contrae y desciende, permitiendo que los pulmones se llenen de aire, y en consecuencia el abdomen se distienda hacia fuera. En la espiración, el vientre se mete hacia dentro y la relajación del diafragma que sube, provoca la contracción pulmonar y la expulsión del aire al exterior. Palpar nuestro tórax y abdomen mientras respiramos nos permitirá sentir este movimiento respiratorio.
Esta es la respiración “natural” y completa. El aprendizaje es sencillo y los resultados
inmediatos si prestamos toda nuestra atención a conectar con nuestro ritmo. Combinar respiración y relajación requiere una predisposición a un trabajo al principio lento en el tiempo pero con resultado seguro a corto plazo.
 Iniciación a la práctica de una buena respiración.
• Para aprender nos colocaremos con la espalda apoyada en el suelo, rodillas
dobladas y separadas unos 20 cm.
• Toda la columna debe estar en contacto con el suelo. No debemos notar signos de
tensión en el cuerpo.
• Coloraremos una mano sobre el tórax y otra sobre la parte baja del abdomen.
• Realizaremos unos suspiros voluntarios para predisponernos a un estado de
relajación y concentración.
• Tomamos aire por la nariz y lo dirigimos a la parte más baja del tórax, después lo
pasamos al abdomen, notando como se separan las últimas costillas y se hincha el
abdomen. Retenemos el aire 3 segundos, y comenzamos a soltarlo por la boca con
los labios levemente cerrados, como si sopláramos suavemente.
• Repetimos, a nuestro ritmo y con tranquilidad, varios ciclos respiratorios durante un
tiempo de unos 5-10 minutos. Si notamos sensación de ahogo o mareo, hay que
adecuar la frecuencia respiratoria. Observar la propia respiración, sentir el propio
ritmo e intervenir en ello, constituye el camino obligado para aliviar el estrés y
tensiones, cambiar el humor, concentrarse mejor, dormir más y reducir la incidencia
de las enfermedades y malos hábitos

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